De los comunes, las ideas y el conocimiento abierto

De los comunesLa reflexión analítica y libre, es una cualidad fundamental de las funciones ejecutivas de la mente que nos permite explorar mentalmente situaciones confusas para llegar a conclusiones.

La sociedad, en su expresión actual, ha conseguido camuflar todas las trampas que nos pone en nuestro día a día, de forma y manera que no seamos capaces de discernir y proteger aquello que más nos interesa a nosotros, y que evitemos la reflexión y el análisis para comportarnos según los intereses de determinadas capas sociales.

La palabra “propiedad” ha devenido en un concepto claro y sagrado que nos han marcado en nuestros circuitos neuronales.

Pero si analizamos qué quiere decir el término “propiedad” veremos que no es tan claro y que hay mucha ideología y gestión social de masas. Parece como si el concepto fuera de uso y decisión individual, con pleno derecho a hacer con el objeto de propiedad lo que la voluntad de su dueño desee. Y es así, para algunos, no para todos.

¿Quién tiene derecho de decisión absoluto sobre una propiedad que es el fruto del trabajo como es nuestra cuenta corriente en el banco? Nosotros no, puesto que el Estado nos puede incautar (embargar) la parte que desee en virtud de leyes arbitrarias que promulga. Sin embargo, las propiedades “no líquidas” de determinadas personas de la élite o de las empresas y bancos del Ibex no pueden ser incautadas puesto que están protegidas y garantizadas por el Estado o mediante aislamiento físico, seguridad física o paraísos fiscales. Curiosa paradoja.

Reflexionemos. El Homo Sapiens parece que tiene unos 150.000 años como mínimo. Durante el 91% de ese tiempo ha compartido el uso de los recursos y las ideas (tecnología, arte, cultura…). Solo en los últimos 8.000 ó 10.000 años, desde el Neolítico ha comenzado a transformar el entorno de una forma muy incisiva y a acumular “cosas e ideas”.

La forma de vida Paleolítica como cazador y recolector durante más de 140.000 años, obligaba a las personas a compartir el uso de los recursos con el objetivo de evitar su propia muerte, la de su comunidad y el sostenimiento del territorio. La presión demográfica y sobre los recursos naturales nos obligaba a explorar nuevas tierras, nuevos recursos y nuevos usos de los mismos.

Con el advenimiento del Neolítico y de la agricultura, el territorio dejó de ser explotado de forma comunitaria y consolidó formas de acumulación de tierras y de los productos obtenidos. Se comenzaron a acumular grano, animales, casas, territorios…

La jerarquía, hasta el Neolítico, había sido natural, en el que el sujeto más dotado aportaba su conocimiento, aptitud física e inteligencia a la comunidad para que mutuamente pudieran garantizarse los mínimos que permitían la supervivencia de toda la comunidad.

Por el contrario, desde hace unos 10.000 años, comenzó en el Medio Oriente, la China, la India, y posiblemente en Centro América, una redefinición de la jerarquía social estipulada y liderada por quienes eran capaces de acumular objetos e ideas, mediante los cuales compraban voluntades.

A partir del Neolítico no es el más apto el que encabeza la jerarquía social, la encabeza el individuo y clase social más egoísta.

Lo común dejó, poco a poco, de ser importante y pasó a ser un bien mercantil que el individuo egoísta codicia y quiere extraer de la comunidad; no desea extraer recursos para la supervivencia de la comunidad, desea extraer plusvalías de los individuos de su comunidad a partir de garantizarles los mínimos para la supervivencia. Parece que los excedentes nos hacen más egoístas respecto a la etapa cazadora-recolectora.

La transformación de los bienes comunes, tanto en forma de productos, artefactos o ideas, en privativos ha requerido de una evolución cultural sofisticada pero basada en los intereses individuales.

En una Etapa Inicial, desde hace unos 150.000 años, las comunidades y la población humana mantenía un equilibrio ecológico con el territorio y sobre la presión de los recursos del mismo. Nos veíamos obligados a compartir los usos de los recursos físicos comunes y a transformar el medio mediante técnicas e ideas colaborativas. No se ocultaban los descubrimientos como los del uso del fuego, de las técnicas líticas, de la cocina de los alimentos, de la curación de las personas enfermas. Eran ideas y conocimientos que se transmitían entre los iguales de las diferentes comunidades: chamanes, cazadores, pescadores…

Desde hace unos 10.000 años aparece la Etapa de Transición hacia la acumulación de bienes e ideas. Las tecnologías siderúrgicas de los metales, de la construcción o de la navegación se expandieron por el mundo puesto que a nadie se le podía ocurrir “encerrar” una tecnología que nos beneficiaba a todos. Existía un cierto secretismo puesto que las ideas y tecnologías estaban orientadas a la mejora de las condiciones de tu comunidad. Aparece el concepto de propiedad.

Pero en los últimos 500 años, en la Etapa Actual, con la colonización territorial de las poblaciones consideradas inferiores y la mercantilización de cualquier objeto, se fueron configurando las argumentaciones y razonamientos que validaban una decisión egoísta como era la de la apropiación de los bienes de los demás, tanto aquellos que eran de uso compartido y comunal como los del trabajo, de las ideas o del arte.

Aparece la idea de propiedad exclusiva individual contrapuesta a la idea natural de la propiedad comunal o no plena, en que determinados usos y recursos pudieran ser gestionados y explotados por la comunidad.

En la propiedad exclusiva la decisión absoluta recae en el individuo, sin importar el medio con la que se extrajo el valor de esa riqueza. Puede negar su uso y barrar el paso a su disfrute a cualquiera de su comunidad. Con ese valor privativo puede intercambiar y conseguir comprar cargos sociales que aumentarán su prestigio y su riqueza.

Cuando el Capitalismo ha explotado las diferentes fuentes de riqueza: todo el sector primario, el secundario ha crecido tanto que no puede vender más y ha incrementado la productividad (extracción de plusvalías) de los trabajadores del sector terciario, solo le quedan los bienes culturales y los bienes públicos para explotar y espoliar.

La Salud es un bien individual y común, un derecho de todos que, en los últimos años, se ha comercializado con el objeto de transformar nuestra esperanza de vida en un precio a pagar (o pagar dos veces) que irá a la explotación de la cuenta de resultados de un Propietario Exclusivo, sea una persona jurídica o una física.

El copyright y todas las formas de derecho de autor privativas son otra de las formas de extraer la riqueza del trabajo de unos autores y artistas que venden su talento a quienes ostentarán dichos derechos, de forma que hay derechos de autor que perduran infinidad de años después de la muerte de quien produjo ese bien cultural, o se patentan “genes humanos” que están en la naturaleza, incluso podemos privatizar las ideas y pensamientos. Absurdo.

La lucha por la recuperación de los comunes, en sus diferentes vertientes: Creative Commons en las obras de producción artística y cultural, el Hardware y Sofware libre, el Open Source (desde un programa de ordenador a un tractor), la libre circulación y uso de ideas y planos para la fabricación aditiva (impresión 3D), recuperación de los usos de explotación comunales de los territorios, el hacking school de la educación, es la respuesta actual con la que intentamos revertir la situación, a veces no con la fortuna que desearíamos. Por eso que debemos rescatar los comunes, las ideas y el conocimiento abierto.

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